Un libro que llevaba tiempo en mi estantería, mucho tiempo. Me lo recomendó un ex compañero de trabajo hace por lo menos 6 años. En realidad me recomendó Germinal de Émile Zola y Las Uvas de la Ira de John Steinbeck.
Yo le hice caso y tal y cómo algunos ya habréis leído en el post en que comentaba el libro La Perla, también de Steinbeck, lo pasé tan mal con Germinal que cuando lo acabé me quedé sin ganas de leerme algo del mismo calibre y por eso fui postergando la lectura de Las uvas de la ira.
Finalmente, después de leer comentarios tranquilizadores y con tanto entusiasmo como el de Carol sobre mi gran obra pendiente, me lancé (ja, ja , parece que habla de jugarme la vida y sólo estoy hablando hablo de leer un libro….)
Y bueno, que deciros!!! Vaya maravilla de libro. La verdad es que he disfrutado muchísimo pese a la tristeza, la miseria y la injusticia que se respira. Para el que no lo sepa, la temática del libro se centra en los movimientos migratorios que tuvieron lugar en EEUU sobre los años treinta, después de la Gran Depresión. Miles de familias agricultoras cuyas tierras eran reclamadas por los bancos, deciden emigrar hacia California, una tierra verde, con casitas blancas y en la que, según los panfletos que llegan a sus manos, hace falta mucha mano de obra para recoger la fruta.
La familia Joad es una de esas familias que decide ir en busca de un futuro y de una nueva vida. Una familia extensa, formada por tres generaciones, capitaneadas básicamente por la madre. Ella es la que toma las decisiones importantes cuando están hundidos, es la mantiene la frialdad y el temple. Un personaje de una dureza increíble.
Un libro en el que las injusticias, la explotación y la degradación del ser humano están a la orden del día. La necesidad de comer y de alimentar a unos hijos les lleva a aceptar condiciones laborales inhumanas a toda esta masa de personas que han dejado los recuerdos y parte de su vida al otro lado del país.
“¿Cómo podremos vivir sin nuestras vidas? ¿Cómo sabremos que somos nosotros si no tenemos pasado?”
“No se necesita valor para hacer una cosa cuando es lo único que puedes hacer”
Un libro que podríamos adaptar perfectamente a nuestra época, en la que los salario bajan dada la gran oferta de trabajadores existentes, en la que ciertas personas tiene que escoger entre su dignidad como trabajador o su necesidad de sobrevivir aceptando salarios vergonzosos. Una sociedad que no acepta a aquellos de fuera que vienen a buscar trabajo, provocando que la oferta aumente y que los salarios bajen. A aquellos pobres que vienen a quitarles el trabajo y las ayudas a los autóctonos, que van sucios, que están enfermos. El único que los acepta es el propietario / empresario que se frota las manos ante todas estas perspectivas de mano de obra barata. Pero después de frotarse las manos se intranquiliza porque también tiene miedo. Miedo de que ese conjunto de hombres que se saben explotados se junten, se pongan de acuerdo y puedan luchar.
“Y el hecho que siempre acompaña: cuando hay una mayoría de gente que tiene hambre y frío, tomará por la fuerza lo que necesita. Y el pequeño hecho evidente que se repite a lo largo de la historia: el único resultado de la represión es el fortalecimiento y la unión de los reprimidos.”
Un libro muy, pero que muy recomendable, con grandes reflexiones sobre los valores humanos y con análisis socioeconómicos muy interesantes.
Una buena manera de poner cara a los protagonistas de este libro es admirar algunas de las fotografías que realizó Dorothea Lange, fotógrafa que trabajaba para la Administración Federal fotografiando los efectos de la Gran Depresión. En 1936, en uno de los campamentos en los que se juntaban trabajadores agrícolas en espera de trabajo, tomó la la fotografía que dio la vuelta al mundo, Migrant Mother.
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| http://aprendersociales.blogspot.com/2009/02/la-madre-migrante.html |
El relato de la autora con respecto a cómo fue tomada la fotografía es el siguiente:
Vi y me acerqué a la famélica y desesperada madre como atraída por un imán. No recuerdo cómo expliqué mi presencia o mi cámara a ella, pero recuerdo que ella no me hizo preguntas. No le pedí su nombre o su historia. Ella me dijo su edad, que tenía 32 años. Me dijo que habían vivido de vegetales fríos de los alrededores y pájaros que los niños mataban. Acababa de vender las llantas de su coche para comprar alimentos. Ahí estaba sentada reposando en la tienda con sus niños abrazados a ella y parecía saber que mi fotografía podría ayudarla y entonces me ayudó. Había una cierta equidad en esto.
Espeluznante, verdad? Para finalizar también le podremos música a este triste episodio de la historia. The ghost of Tom Joad , de Bruce Springsteen. La verdad es que no soy muy fan de este buen hombre pero esta canción en concreto sí que me gusta. Las imágenes del video valen la pena (aparecen más fotos de Dorothea Lange, entre otras de igual envergadura)
Muchas gracias a todos los que me animaron a leerlo, la verdad es que un gran libro sobre los valores humanos. Un tesoro.








