Después de una muy larga sequia literaria he vuelto a leer y por eso hoy me apetece
escribir sobre el libro Lo bello y lo triste , de Yasunari Kawabata, autor premiado con
el Premio Nobel de literatura en 1968. Parece ser que en 1972 se suicidó
inhalando gas. Existen varias hipótesis o razones que parece que justifican el hecho de que Yasunari Kawabata decidiera quitarse la vida. Entre ellas se encuentra el hecho de que fuera gran amigo de Mishima y de que se quedara muy afectado por el suicidio de su compañero.
Yasunari Kawabata fue
una persona emocionalmente insegura que vivió dos historias de amor dolorosas
en su juventud. Y es que los sentimientos de “Lo bello y lo triste” no podrían haber sido plasmados con esa profundidad sin haber sido experimentados.
La historia tiene como eje principal la tormentosa relación que mantuvieron Oki Toshio y Otoko cuando ella tenía
15 años y él ya era un hombre casado con un hijo recién nacido. Veinte años más
tarde Oki decide ir a Kioto para oír las campanadas del templo en el Año Nuevo
y aprovecha para ir a ver a Otoko, a la que no ha vuelto a ver pero tampoco ha
olvidado. Otoko se ha convertido en una famosa pintora y vive con su protegida
Keiko, una joven de veinte años, guapa, sensual, amoral y apasionada. El
encuentro entre Otoko y Oki hará que Keiko, enamorada de Otoko y sabedora de lo
que Oki hizo sufrir a su amante en el pasado, empiece a urdir su particular
venganza.
A medida que transcurre el presente se van produciéndose saltos
al pasado a través de los cuales vamos conociendo cómo fue aquella historia de
amor y pasión entre Oki y Otoko. Lo que pasó, el peso de las decisiones tomadas
y las heridas sufridas que perduran en el alma para siempre. Un libro con una
buena dosis de intensidad y buenas reflexiones. Imprescindible para todo aquel
que sea capaz de empatizar con este tipo de relaciones tan intensas en la que
la razón no cuenta. Puro sentimiento y amor irracional. Relaciones y vivencias
que se quedan en el recuerdo, se idealizan y se mimetizan.
“Otoko seguía amando a
Oki (…). ¿Pero era posible que esos amores hubieran permanecido inalterables
desde los tiempos en que habían sido una realidad tangible? ¿No cabía la
posibilidad de que algo de esos mismos amores se hubiera transformado
sutilmente en amor por si misma?”
Pero no hay que olvidar que el autor es japonés y que es una
cultura muy diferente, con unas pautas de comportamiento y maneras
de hacer que nada tienen que ver con las nuestras. Es por eso que, a veces, ciertos comportamientos descolocan e incluso pueden parecer absurdos. Para mi
este choque de culturas es interesante, incomprensible muchas veces, pero me
gusta.
¡¡Buenas vacaciones a todos!!
Bones vacances a tots!!





