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2 de abril de 2011

Roger Waters con The Wall en Barcelona, Palau Sant Jordi .


Hace dos días tuvo lugar el segundo concierto de Roger Waters, en Barcelona como parte de la gira The Wall Live.
Soy fan de Pink Floyd desde que tenía 14 años y este álbum en concreto me lo compré con 15 (me parece, no lo tengo claro). Así que asistir a este concierto me hacía especial ilusión. Mi relación con Pink Floyd empezó gracias a la radio, así que nadie conocido hizo de puente para que empezara a escucharlos. Cuando me compré The Wall seguía sin conocer a nadie que compartiera conmigo mi afición por este tipo de música, así que se puede decir que la "degustación" de este álbum fue privada, sin ningún tipo de influencia externa. Nadie me decía "yo creo que la canción más buena es..." . Tenía incluso, un librito con todas las letras de las canciones del grupo traducidas. Podemos decir que mi relación con The Wall fue totalmente pura y auténtica.
Mis canciones preferidas han ido cambiando con el paso del tiempo, ya que es un álbum que he escuchado durante muchos años (ahora ya en CD, por cierto, comprado en el 2003 en China). Tuve una época en que no me cansaba de escuchar "Young loust", luego mi favorita pasó a ser "The thin Ice" y más adelante "Mother".
Así que este concierto, para mí, tenía una fuerte carga emocional que puede que no me permita ser muy objetiva en mis comentarios al respecto.
El concierto tuvo dos partes que correspondían con los dos discos del álbum. La primera parte fue espectacular, disfrute muchísimo, y tuve la piel de gallina de manera constante. 
Un espectáculo increíble, un sonido clarísimo y una puesta en escena alucinante, con los muñecos hinchables representando las figura del profesor y la madre sobreprotectora. Las imágenes proyectadas contra el muro y contra el fondo del escenario de una calidad suprema. El mejor momento para mí fue cuando Roger Waters tocó una versión acústica de "Mother" mientras la voz provenía de la filmación de un concierto (no recuerdo ni la fecha ni dónde se realizó) en la que se veía al propio Roger, como mínimo con 25 años menos , cantando la canción. En fin, un montaje brutal, muy original y realmente impactante.
A todo esto, a medida que iban cantando se iba construyendo el muro. Cada vez se veían menos a los músicos, el muro separaba al grupo del público, los aislaba. 
Al finalizar la primera parte el muro estaba totalmente construído. Un muro enorme! 
Empezó la segunda parte con "Hey You", pero claro, el muro estaba levantado y los músicos y Roger Waters en el otro lado. No se veía tocar a nadie, sólo se oía la canción mientras se sucedían las imágenes, algunas extraídas de la película Pink Floyd The Wall. Con "Comfortably Numb" pasó prácticamente lo mismo, aunque en este caso apareció subido en una grúa David Kilminster y se marcó un sólo alucinante. Lo mejor de la segunda parte, sin duda.


Aquí tenéis un video de este momento: http://www.facebook.com/video/video.php?v=500845855736

No es que no me gustara la segunda parte, que nadie me malinterprete, disfruté mucho pero hubiera preferido menos muro y poder ver al grupo tocar, que al fin y al cabo era un concierto.
La verdad, me llevo un grato recuerdo de una gran noche, un muy buen espectáculo, muy original y muy inteligente, que me removió un montón de cosas, me devolvió por momentos a mi adolescencia, llena de granos, con mis paranoias, con mis walkmans y con mis cambios de humor. 


En el siguiente enlace se explica muy bien el origen y el significado del álbum The Wall, para quien tenga curiosidad.

8 de marzo de 2011

Crónica de la Marató de Barcelona 2011 (desde el otro lado).

Fotos realizadas por mí en la Marató de Barcelona 2011


Cómo ya he dicho en algún post anterior, mi marido-pareja-padre de mis hijos pertenece a ese grupo de especímenes que tan bien describe Marciano Durán en Esos locos que corren.
Y cómo mujer-pareja-madre de los hijos de un loco que corre me gusta ir a verlo a las maratones, medias maratones, carreras de montaña, y o que se tercie siempre que puedo. Y que mejor ocasión que la Marató de Barcelona que se realizó el pasado domingo, cerquita de casa y con mucho ambiente.
Por tanto, mi crónica es desde el otro lado, del lado del que no corre, del "acompañante".
Normalmente se suele madrugar porque se tiene que estar pronto, pero además, la Marató de Barcelona empieza muy pronto, a las 8:30. Así que cuando vas un domingo a las 7:15 de la mañana por Barcelona, más en concreto cerca de la Plaça Espanya, lo único que camina por las aceras suelen ser seres vestidos con mallas y  bambas.
En cuanto entras en el edificio habilitado como vestidor y guardarropa, notas el olor a réflex, a sudor (porque algunos antes de correr ya "cantan"). Los corredores se preparan, estiran, se ponen tiritas, vaselina, se colocan el dorsal, se hacen las últimas bromas, ¿en que cajón vas a salir tú? ¿que número tienes en el dorsal? yo saldré con el globo de 3h15, luego ya veremos, ¡no corras en los primeros kilómetros que luego lo pagarás! ¿manga corta o tirantes? Y yo miro, escucho y aguanto chaquetas, mochilas, hago fotos y poco más.
Queda poco, todos hacia la salida. Últimos estiramientos y se pierden entre la marabunta. Yo me voy a buscar un buen sitio para hacer unas fotos de la salida, será difícil localizar a alguien considerando que hay del orden de 15000 inscritos. Encuentro un hueco e intento reconocer a alguien. Con tanta gente parece misión imposible pero se puede hacer. El cerebro humano está capaz de discriminar las imágenes que envían los nervios ópticos de aquellos corredores que no son los que buscas. Y además, mi cerebro, está entrenado.
Una vez detectado el objetivo y como queda un rato hasta que den la salida me dedico a observar mi entorno. Acaba de pasar una señora que podría ser mi madre pero lleva un dorsal y mallas, alucino, le miro las piernas y alucino más porque no parece que sea su primera carrera. De hecho, los kilómetros que habrá corrido a lo largo de su vida esta buena mujer seguro que son superiores a los míos efectuados en coche.

Y por fin, ¡¡empieza la carrera!! Primero sale la élite, y luego el pueblo llano. Foto, foto, foto y corriendo a buscar un bar para tomarme un donut y un café antes de ir corriendo al siguiente punto en el que pienso que puedo tomar otras fotillos.
Encuentro un bar bastante vacío (imaginaros como era para estar vacío con la de gente que corría por allí) pero como no tengo muchas  manías me tomo mi donut y mi cortado, con leche natural, por supuesto, y me voy corriendo al puesto de avituallamiento que hay en el kilómetro 10. A medida que me acerco, intento salvar mi vida esquivando los botellines de agua o Powerade  medio llenos que los corredores tiran fuera de la carretera para no tropezar. Los lanzan al aire y forman bonitos arcos en el cielo que evidentemente dejan de ser arcos para caer en tu cabeza, o bien en el suelo, al lado de tus pies con el consiguiente estallido de la botella.
Después de sortear los obstáculos y verme en un sitio un poco más segura me dispongo a mirar a ver si veo a mi marido. Me he quedado 1 hora y no lo he visto. Hay dos opciones, que le haya pasado algo o bien que sencillamente mi cerebro no está tan entrenado como pensaba y no le haya reconocido. Prefiero optar por la segunda opción y me voy corriendo a otro punto a ver si lo engancho.
Ahora cojo el metro, arriba, abajo, lleno de cochecitos con niños, empujones, mochilas que se clavan en la espalda, franceses, italianos, ... y todos parece que tienen muy claro dónde van. Yo no debo tener pinta de autóctona, sino más bien de guiri que no sabe ni lo que es el metro porque se me acerca una suiza (lleva una banderita en la mano) mientras miro un mapa y me pregunta: Can I help you? Evidentemente me quedo alucinada y le contesto No, thanks, pero más roja que un tomate.

Ya estoy en el kilómetro 25, las caras de los corredores ya son otras. Se ven muecas de dolor, hay algún corredor que ha de parar a estirar, le tiemblan las piernas, debe tener los gemelos en la oreja. Otros tienen la cara desencajada, en cambio otros van como si nada (pocos, eh??) , hablando con un colega, comentando cosas, ...
Leo los dorsales, Filippo, Lionel, Gioseppo, Jordi, ...Jordi!! otro autóctono en esta vorágine de corredores!! Vinga Jordi!!! Pero Jordi no me oye porque va escuchando ves a saber qué con sus auriculares...
Los corredores más blancos de piel van cubiertos de crema solar (tipo factor 70), que mezclada con el sudor ofrece un espectáculo un poco lamentable.
Esta vez cumplo mi objetivo, hago unas cuantas fotos y vuelvo a coger el metro . Increíble que el ayuntamiento de la ciudad condal no haya previsto aumentar la frecuencia de los trenes, vamos, que van los vagones a reventar, y pasan cada 5 minutos, y empiezo a estar nerviosa porque estoy apurando mucho y si no llego rápido tampoco veré la llegada....
Subo corriendo las escaleras del metro, oigo coches (¿?), oigo voces , están detrás! Cruzo el semáforo y ya los veo, ahora el espectáculo ya es de puro sufrimiento. Todos sufren. Estamos en el kilómetro 38 aproximadamente. Los grupos de corredores van más espaciados, la mayoría ya no corre de manera tan ágil, están muy sudados, cansados, congestionados, concentrados,...y aún les quedan 4 km...

Y atención, de repente una viejecita suicida anti-maratón intenta cruzar la calle por la que corren (que debe hacer un metro y medio de ancho)  con el agravante de que va arrastrando un carro de la compra. Nuestra kamikaze cruza y casi se la come un corredor italiano que empieza a desahogarse a gusto mientras sigue corriendo. La viejecita, entonces, completamente indignada, empieza a decir que la culpa es del corredor. Je, je , que graciosa la mujer.
Tengo suerte, foto, foto y corriendo hacia el metro otra vez. Ahora rumbo a la meta. Pero gracias a la maravillosa frecuencia de paso de los trenes no llego a tiempo. Busco a mi marido que está sano y salvo (más salvo que sano) y que ha mejorado mucho su marca. Está contento y feliz y yo también. Vemos otras llegadas. La verdad es que todas las llegadas son emocionantes. Algunos corredores levantan los brazos justo debajo del arco de meta, , otros saltan, algunos entran con niños en brazos... luego todos paran su "reloj". Y paran de correr, se abrazan, se besan algunos, pero todos sonríen, están contentos. Y se te queda un nudo en la garganta cuando ves ésto, y entonces es cuando puedes imaginar que la emoción de acabar una maratón, de mejorar una marca, debe ser mucho mejor que la que tu acabas de sentir al verlos. Y entonces te gustaría haber corrido con ellos.

Moltes felicitats a tots aquells que vau participar a la Marató de Barcelona!! 


Foto realizada por mí marido en la Marató de Barcelona 2011