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5 de abril de 2011

1Q84, de Haruki Murakami.


Ya está. Lo acabé. El viernes 1 de abril terminé los dos primeros libros de 1Q84, con mucha pena y deseando tener YA la tercera parte.
La historia es difícil de explicar y no me gustaría desvelar nada importante que pueda marchitarle la lectura a nadie, es mejor irlo descubriendo por uno mismo así que transcribo lo que pone en la contraportada del libro:
En japonés, la letra q y el número 9 son homófonos, los dos se pronuncian kyu, de manera que 1Q84 es, sin serlo, 1984, una fecha de ecos orwellianos. Esa variación en la grafía refleja la sutil alteración del mundo en que habitan los personajes de esta novela, que es, también sin serlo, el Japón de 1984. En ese mundo en apariencia normal y reconocible se mueven Aomame, una mujer independiente, instructora en un gimnasio, y Tengo, un profesor de matemáticas. Ambos rondan los treinta años, ambos llevan vidas solitarias y ambos perciben a su modo leves desajustes en su entorno, que los conducirán de manera inexorable a un destino común. Y ambos son más de lo que parecen: la bella Aomame es una asesina; el anodino Tengo, un aspirante a novelista al que su editor ha encargado un trabajo relacionado con La crisálida del aire, una enigmática obra dictada por una esquiva adolescente. Y, como telón de fondo de la historia, el universo de las sectas religiosas, el maltrato y la corrupción, un universo enrarecido que el narrador escarba con precisión orwelliana. 
Empecé a leer muy reticente. Por una parte, tenía muchas ganas de que me gustara, por otro lado, había leído en bastantes críticas que el traductor de esta novela no era el habitual en los libros de Murakami (cierto) y que este cambio se notaba en la redacción del libro. De manera que, durante los primeros capítulos, estaba en estado de alerta, como esperando el gran error, el gran desastre, la decepción. Aunque yo no soy una estudiosa de la prosa de Murakami como para detectar un cambio de traductor, por lo que había leído, parecía que hasta un niño podía detectarlo, así que… en eso estaba. Hasta que la lectura me invadió de tal manera que me olvidé del traductor, de todo lo malo que había leído y me dejé llevar. Porque es un libro para dejarse llevar, y disfrutar de los personajes de Aomame y Tengo, de la soledad, de la ciudad de los gatos y de la luna.
Es un libro que, yo al menos, no pude parar de leer por dos motivos: el primero es que la desbordada imaginación que muestra el autor te obliga a ver hasta dónde es capaz de llegar él y hasta dónde eres capaz de aguantar tú, es decir, tanta imaginación hay que digerirla y hay veces que uno no es capaz de asimilar tanta fantasía si no está muy bien estructurada. Es como un duelo entre la imaginación del autor y la capacidad de asimilar y racionalizar por parte del lector. El segundo punto es que la trama tiene “misterio”, lo que hace que siempre necesites saber más y tengas ganas de llegar al final, al desenlace.
Aunque la imaginación que demuestra tener el autor es increíble, me ha parecido menos surrealista que Kafka en la orilla, lo cual no quiere decir que sea peor, si no que sencillamente parece que esta novela afloja un poco en grados de surrealismo, pero bueno, no olvido que falta el tercer volumen en el que estará el desenlace final y entonces puede ser que me retracte de esta afirmación.
Es un buen libro, me ha gustado mucho, me ha hecho pasar muy buenos ratos. Me ha absorbido de tal manera que me parecía que yo también formaba parte de la vida de los personajes, que los vigilaba muy de cerca, que estábamos todos juntos. Realmente Murakami tiene un don para transportarte a los escenarios mas inverosímiles sin que te des cuenta hasta que ya estás dentro, atrapado. Y estaba tan atrapada que acabé mirando la luna, por si acaso…

2 de abril de 2011

Roger Waters con The Wall en Barcelona, Palau Sant Jordi .


Hace dos días tuvo lugar el segundo concierto de Roger Waters, en Barcelona como parte de la gira The Wall Live.
Soy fan de Pink Floyd desde que tenía 14 años y este álbum en concreto me lo compré con 15 (me parece, no lo tengo claro). Así que asistir a este concierto me hacía especial ilusión. Mi relación con Pink Floyd empezó gracias a la radio, así que nadie conocido hizo de puente para que empezara a escucharlos. Cuando me compré The Wall seguía sin conocer a nadie que compartiera conmigo mi afición por este tipo de música, así que se puede decir que la "degustación" de este álbum fue privada, sin ningún tipo de influencia externa. Nadie me decía "yo creo que la canción más buena es..." . Tenía incluso, un librito con todas las letras de las canciones del grupo traducidas. Podemos decir que mi relación con The Wall fue totalmente pura y auténtica.
Mis canciones preferidas han ido cambiando con el paso del tiempo, ya que es un álbum que he escuchado durante muchos años (ahora ya en CD, por cierto, comprado en el 2003 en China). Tuve una época en que no me cansaba de escuchar "Young loust", luego mi favorita pasó a ser "The thin Ice" y más adelante "Mother".
Así que este concierto, para mí, tenía una fuerte carga emocional que puede que no me permita ser muy objetiva en mis comentarios al respecto.
El concierto tuvo dos partes que correspondían con los dos discos del álbum. La primera parte fue espectacular, disfrute muchísimo, y tuve la piel de gallina de manera constante. 
Un espectáculo increíble, un sonido clarísimo y una puesta en escena alucinante, con los muñecos hinchables representando las figura del profesor y la madre sobreprotectora. Las imágenes proyectadas contra el muro y contra el fondo del escenario de una calidad suprema. El mejor momento para mí fue cuando Roger Waters tocó una versión acústica de "Mother" mientras la voz provenía de la filmación de un concierto (no recuerdo ni la fecha ni dónde se realizó) en la que se veía al propio Roger, como mínimo con 25 años menos , cantando la canción. En fin, un montaje brutal, muy original y realmente impactante.
A todo esto, a medida que iban cantando se iba construyendo el muro. Cada vez se veían menos a los músicos, el muro separaba al grupo del público, los aislaba. 
Al finalizar la primera parte el muro estaba totalmente construído. Un muro enorme! 
Empezó la segunda parte con "Hey You", pero claro, el muro estaba levantado y los músicos y Roger Waters en el otro lado. No se veía tocar a nadie, sólo se oía la canción mientras se sucedían las imágenes, algunas extraídas de la película Pink Floyd The Wall. Con "Comfortably Numb" pasó prácticamente lo mismo, aunque en este caso apareció subido en una grúa David Kilminster y se marcó un sólo alucinante. Lo mejor de la segunda parte, sin duda.


Aquí tenéis un video de este momento: http://www.facebook.com/video/video.php?v=500845855736

No es que no me gustara la segunda parte, que nadie me malinterprete, disfruté mucho pero hubiera preferido menos muro y poder ver al grupo tocar, que al fin y al cabo era un concierto.
La verdad, me llevo un grato recuerdo de una gran noche, un muy buen espectáculo, muy original y muy inteligente, que me removió un montón de cosas, me devolvió por momentos a mi adolescencia, llena de granos, con mis paranoias, con mis walkmans y con mis cambios de humor. 


En el siguiente enlace se explica muy bien el origen y el significado del álbum The Wall, para quien tenga curiosidad.

29 de marzo de 2011

Se acerca Sant Jordi y EMAÚS es un posible candidato

Como he puesto en el título del post, se acerca Sant Jordi y empiezo a pensar en los libros que me gustaría que me regalaran... Sólo tendré uno, pero me gusta tener varias opciones, así , pese a todo, puede llegar a existir el factor sorpresa.

Y uno de los candidatos es Emaús, la nueva novela de Alessandro Baricco. La verdad es que lo que me atrae de la novela no es el tema, es el autor. Me gustó mucho Seda y Océano mar, y me apetece volver a leer algo suyo.
El título (Emaús) es el nombre de la aldea a la que se dirigían dos discípulos de Jesús decepcionados el tercer día después de su muerte. De repente, mientras conversaban el mismo Jesús se les acercó y caminó con ellos interpretando las Escrituras y conversando sin que los discípulos lo reconocieran. Cuando se dieron cuenta de quién era, ya era tarde, desapareció. Y así es como parece que es el comportamiento de los cuatro adolescentes protagonistas de la novela. Adolescentes profundamente católicos que se enamoran de Andre, una chica de clase alta e ideología liberal, que les muestra otro mundo en el que se cuestionan y dudan, y en el que parece que no ven hasta que es demasiado tarde.

La verdad es que este tema en otro autor no me habría llamado la atención, pero prefiero pensar que Alessandro Baricco le dará ese toque propio demostrando que la elegancia no es incompatible con la simplicidad y que simplicidad no es sinónimo de banalidad.

Aquí os dejo una entrevista reciente .

15 de marzo de 2011

Lectura en curso, 1Q84, de Haruki Murakami.

Como he vuelto a trabajar,  me he auto-regalado 1Q84 de Haruki Murakami, que por cierto, me ha costado un ojo de la cara.


La editorial Tusquets promociona el libro ofreciendo la posibilidad de leer los tres primeros capítulos (abreviados) del libro a través de http://www.tusquetseditores.com/especiales/capitulos/1Q84_adelanto_lectura.pdf .

A  mi me gusta este autor, aunque algunos libros más que otros, y la verdad es que después de "De qué hablo cuando hablo de correr" , en la que el autor explica bastantes cosas sobre él, me apetecía volver a leer alguna novela suya.  Así que me leí los tres primeros capítulos (abreviados) y semanas más tarde ya lo tengo en mis manos. No he tenido paciencia para esperar a que me lo regalaran el día de Sant Jordi  (Seguro que será de los más vendidos).
He leído muy buenas críticas pero también muy malas. La verdad es que lo he empezado con muchísimas ganas pero ya veremos ..... porque aunque prefiero pensar que me gustará, no veo descabellado que pueda ser un libro sencillamente pasable. Y en eso estamos.

De momento sólo puedo decir que los capítulos originales, en los que no se han suprimido párrafos, son muchísimo mejores que los que había leído hace unas semanas.

12 de marzo de 2011

VIAJE AL PASADO y CARTA DE UNA DESCONOCIDA, de Stefan Zweig



Hace un mes aproximadamente me leí Cartas de una desconocida. No era el primer libro de Stefan Zweig que leía pero cómo sus obras son bastante intensas prefiero dejar pasar tiempo entre una y otra para poder saborearlas.

Zweig tiene una biografía un tanto curiosa, si más no su muerte. Nació en 1881 en el seno de una familia hebrea acomodada en Viena, estudió filosofía y viajó muchísimo (Francia, Italia, España, India, Egipto, Suiza, ...). Se declaró antibelicista y por ello tuvo que exiliarse a Zúrich durante la Primera Guerra Mundial. Le interesaba mucho el psicoanálisis, de hecho era un defensor acérrimo de las teorías de Freud.
Se casó por primera vez con la escritora Friederike Maria von Wintemitz, quién por él abandonó a su marido. Se divorciaron en 1938 y un año más tarde se casó con su joven secretaria Lotta, con la que se suicidó en 1940 en Brasil, su lugar de residencia en esos momentos. La soledad, la idea de que la guerra no acabaría y la imposibilidad que veía en acabar su mayor obra, fueron las causas que esgrimió en la carta a su ex mujer en la que le explicaba el porqué de su decisión de suicidarse (y con la que mantenía una buena relación de amistad).

Viaje al pasado fue mi primera lectura de este autor. Es un relato muy corto que narra el reencuentro de una pareja al cabo de muchísimos años. Ambos se habían amado mucho pero no habían materializado su amor y ambos se piensan que aún se aman de la misma manera. Pero al encontrarse, después de tantos años separados por culpa de la guerra, se quedan inmovilizados, congelados, sin ser capaces de reanudar aquella maravillosa historia de amor. Un amor imposible e idealizado por el paso del tiempo y que no tiene lugar en la realidad del “hoy”. 
No es un libro con mucho diálogo, pero es increíble como Zweig
describe las expresiones, las miradas, los ambientes. Parece que estés con ellos, mirándolos mientras hablas, mientras se miran, tú estás allí, a su lado y sintiendo lo mismo que viven los protagonistas. Es como estar en el escenario de un teatro, entre los actores, pero sin que nadie se de cuenta de que está allí, observando.

Y cómo he dicho antes, hace un mes aproximadamente me leí Cartas de una desconocida,  uno de los libros mejor considerados de Stefan Zweig. En este caso, la temática del libro es la siguiente: una mujer que acaba de perder a su hijo y que afronta sus últimas horas, escribe una carta anónima a un escritor del que ha estado enamorada toda su vida, sin habérselo dicho jamás. Este amor apasionado y obsesivo ha sido el motor de su vida, desde la adolescencia hasta su muerte.

Cómo libro quizá no ha sido tan brillante como me esperaba, que no quiere decir que no me haya gustado ni que no lo considere bueno, pero la obsesión de la protagonista es tan exagerada que, aunque quizás fuera lo que el autor pretendía en su momento, yo hubiera preferido algo un poco más creíble, menos enfermizo. Es imposible identificarse con la protagonista, en pocos momentos he logrado empatizar con ella, me ha generado una pena relativa, y esto era algo con lo que no contaba. Y quizás ha sido por eso que Viaje al pasado me dejó mejor sabor de boca.

Pese a esto, sin ninguna duda, creo que es un buen libro. Tiene una prosa espectacular, el autor se expresa de una manera tan sencilla en la que dice tantas cosas y tan profundas que no puedes parar de leer. Es mágico, y consigue que un mes más tarde, aún piense en la protagonista, en como enfocó su vida y en cómo fue capaz de vivir así. ¿Es esto realmente amor? ¿o es sencillamente obsesión?  

La siguiente obra que me leeré de Stefan Zweig será Veinticuatro horas en la vida de una mujer, pero dentro de un tiempo…

8 de marzo de 2011

Crónica de la Marató de Barcelona 2011 (desde el otro lado).

Fotos realizadas por mí en la Marató de Barcelona 2011


Cómo ya he dicho en algún post anterior, mi marido-pareja-padre de mis hijos pertenece a ese grupo de especímenes que tan bien describe Marciano Durán en Esos locos que corren.
Y cómo mujer-pareja-madre de los hijos de un loco que corre me gusta ir a verlo a las maratones, medias maratones, carreras de montaña, y o que se tercie siempre que puedo. Y que mejor ocasión que la Marató de Barcelona que se realizó el pasado domingo, cerquita de casa y con mucho ambiente.
Por tanto, mi crónica es desde el otro lado, del lado del que no corre, del "acompañante".
Normalmente se suele madrugar porque se tiene que estar pronto, pero además, la Marató de Barcelona empieza muy pronto, a las 8:30. Así que cuando vas un domingo a las 7:15 de la mañana por Barcelona, más en concreto cerca de la Plaça Espanya, lo único que camina por las aceras suelen ser seres vestidos con mallas y  bambas.
En cuanto entras en el edificio habilitado como vestidor y guardarropa, notas el olor a réflex, a sudor (porque algunos antes de correr ya "cantan"). Los corredores se preparan, estiran, se ponen tiritas, vaselina, se colocan el dorsal, se hacen las últimas bromas, ¿en que cajón vas a salir tú? ¿que número tienes en el dorsal? yo saldré con el globo de 3h15, luego ya veremos, ¡no corras en los primeros kilómetros que luego lo pagarás! ¿manga corta o tirantes? Y yo miro, escucho y aguanto chaquetas, mochilas, hago fotos y poco más.
Queda poco, todos hacia la salida. Últimos estiramientos y se pierden entre la marabunta. Yo me voy a buscar un buen sitio para hacer unas fotos de la salida, será difícil localizar a alguien considerando que hay del orden de 15000 inscritos. Encuentro un hueco e intento reconocer a alguien. Con tanta gente parece misión imposible pero se puede hacer. El cerebro humano está capaz de discriminar las imágenes que envían los nervios ópticos de aquellos corredores que no son los que buscas. Y además, mi cerebro, está entrenado.
Una vez detectado el objetivo y como queda un rato hasta que den la salida me dedico a observar mi entorno. Acaba de pasar una señora que podría ser mi madre pero lleva un dorsal y mallas, alucino, le miro las piernas y alucino más porque no parece que sea su primera carrera. De hecho, los kilómetros que habrá corrido a lo largo de su vida esta buena mujer seguro que son superiores a los míos efectuados en coche.

Y por fin, ¡¡empieza la carrera!! Primero sale la élite, y luego el pueblo llano. Foto, foto, foto y corriendo a buscar un bar para tomarme un donut y un café antes de ir corriendo al siguiente punto en el que pienso que puedo tomar otras fotillos.
Encuentro un bar bastante vacío (imaginaros como era para estar vacío con la de gente que corría por allí) pero como no tengo muchas  manías me tomo mi donut y mi cortado, con leche natural, por supuesto, y me voy corriendo al puesto de avituallamiento que hay en el kilómetro 10. A medida que me acerco, intento salvar mi vida esquivando los botellines de agua o Powerade  medio llenos que los corredores tiran fuera de la carretera para no tropezar. Los lanzan al aire y forman bonitos arcos en el cielo que evidentemente dejan de ser arcos para caer en tu cabeza, o bien en el suelo, al lado de tus pies con el consiguiente estallido de la botella.
Después de sortear los obstáculos y verme en un sitio un poco más segura me dispongo a mirar a ver si veo a mi marido. Me he quedado 1 hora y no lo he visto. Hay dos opciones, que le haya pasado algo o bien que sencillamente mi cerebro no está tan entrenado como pensaba y no le haya reconocido. Prefiero optar por la segunda opción y me voy corriendo a otro punto a ver si lo engancho.
Ahora cojo el metro, arriba, abajo, lleno de cochecitos con niños, empujones, mochilas que se clavan en la espalda, franceses, italianos, ... y todos parece que tienen muy claro dónde van. Yo no debo tener pinta de autóctona, sino más bien de guiri que no sabe ni lo que es el metro porque se me acerca una suiza (lleva una banderita en la mano) mientras miro un mapa y me pregunta: Can I help you? Evidentemente me quedo alucinada y le contesto No, thanks, pero más roja que un tomate.

Ya estoy en el kilómetro 25, las caras de los corredores ya son otras. Se ven muecas de dolor, hay algún corredor que ha de parar a estirar, le tiemblan las piernas, debe tener los gemelos en la oreja. Otros tienen la cara desencajada, en cambio otros van como si nada (pocos, eh??) , hablando con un colega, comentando cosas, ...
Leo los dorsales, Filippo, Lionel, Gioseppo, Jordi, ...Jordi!! otro autóctono en esta vorágine de corredores!! Vinga Jordi!!! Pero Jordi no me oye porque va escuchando ves a saber qué con sus auriculares...
Los corredores más blancos de piel van cubiertos de crema solar (tipo factor 70), que mezclada con el sudor ofrece un espectáculo un poco lamentable.
Esta vez cumplo mi objetivo, hago unas cuantas fotos y vuelvo a coger el metro . Increíble que el ayuntamiento de la ciudad condal no haya previsto aumentar la frecuencia de los trenes, vamos, que van los vagones a reventar, y pasan cada 5 minutos, y empiezo a estar nerviosa porque estoy apurando mucho y si no llego rápido tampoco veré la llegada....
Subo corriendo las escaleras del metro, oigo coches (¿?), oigo voces , están detrás! Cruzo el semáforo y ya los veo, ahora el espectáculo ya es de puro sufrimiento. Todos sufren. Estamos en el kilómetro 38 aproximadamente. Los grupos de corredores van más espaciados, la mayoría ya no corre de manera tan ágil, están muy sudados, cansados, congestionados, concentrados,...y aún les quedan 4 km...

Y atención, de repente una viejecita suicida anti-maratón intenta cruzar la calle por la que corren (que debe hacer un metro y medio de ancho)  con el agravante de que va arrastrando un carro de la compra. Nuestra kamikaze cruza y casi se la come un corredor italiano que empieza a desahogarse a gusto mientras sigue corriendo. La viejecita, entonces, completamente indignada, empieza a decir que la culpa es del corredor. Je, je , que graciosa la mujer.
Tengo suerte, foto, foto y corriendo hacia el metro otra vez. Ahora rumbo a la meta. Pero gracias a la maravillosa frecuencia de paso de los trenes no llego a tiempo. Busco a mi marido que está sano y salvo (más salvo que sano) y que ha mejorado mucho su marca. Está contento y feliz y yo también. Vemos otras llegadas. La verdad es que todas las llegadas son emocionantes. Algunos corredores levantan los brazos justo debajo del arco de meta, , otros saltan, algunos entran con niños en brazos... luego todos paran su "reloj". Y paran de correr, se abrazan, se besan algunos, pero todos sonríen, están contentos. Y se te queda un nudo en la garganta cuando ves ésto, y entonces es cuando puedes imaginar que la emoción de acabar una maratón, de mejorar una marca, debe ser mucho mejor que la que tu acabas de sentir al verlos. Y entonces te gustaría haber corrido con ellos.

Moltes felicitats a tots aquells que vau participar a la Marató de Barcelona!! 


Foto realizada por mí marido en la Marató de Barcelona 2011


6 de marzo de 2011

Bizcocho de chocolate

Me encanta hacer pasteles y bizcochos y todo lo que sea dulce en general. Este bizcocho de chocolate es fácil de hacer y nada pesado. Queda ligerito, ligerito, y esa es la gracia en cuestión. 


La receta me la pasó mi cuñada hace mil siglos y cuando me compré la thermomix la adapté, ya que como era un bizcocho que hacía muchas veces, pensé que sería buena idea probar de hacerlo con "la máquina". Así que voy a poner las dos recetas, para el que quiera hacerlo de manera tradicional o para el que quiera probar con el robot. Queda buenísimo de cualquier manera, os lo aseguro. 

Ingredientes
  • 200g de mantequilla o margarina
  • 200g de harina de repostería
  • 200g de azúcar
  • 200g de chocolate en polvo, tipo el que se utiliza para hacer chocolate a la taza.
  • 3 huevos grandes o 4 medianos
  • 1 sobre Royal
  • 1 copa de coñac
  • 1 vaso de leche
Preparación tradicional
  1. Precalentar el horno a 180º
  2. Separar las claras de las yemas de los huevos. Montar las claras a punto de nieve. Reservar.
  3. Deshacer la mantequilla o margarina y mezclarla con la leche. 
  4. Añadir el chocolate, la harina, el coñac, las yemas, el azúcar, el sobre de Royal. Mezclar sin que queden grumos.
  5. La mezcla la vertemos con cuidado en el bol donde reservábamos las claras y envolvemos delicadamente.
  6. Ponemos la mezcla en un molde grande (22 cm aproximadamente de diámetro) y se hornea a 180º unos 40-45 minutos (depende de cada horno)
Preparación thermomix
  1. Precalentar el horno a 180º
  2. Separar las claras de las yemas de los huevos. 
  3. Deshacer la mantequilla o margarina y mezclarla con la leche. Reservar.
  4. Ponemos el azúcar en el vaso y aplicamos durante 20s velocidad progresiva 5-10. Así obtenemos azúcar glas. Reservamos.
  5. Introducimos la mariposa y las claras de los huevos. Tantos minutos como claras a velocidad 3 1/2. (Si tenemos 3 claras, pues 3 minutos, si tenemos 4 claras , 4 minutos). Reservamos.
  6. Quitamos la mariposa.Volvemos a introducir el azúcar en el vaso y las yemas de huevo y programamos 2 minutos , temperatura 37º, velocidad 3.
  7. Añadimos la harina, el Royal, y el chocolate y la mantequilla fundida con la leche. Mezclamos alrededor de unos 10 segundos a velocidad 6. Hay que controlar que quede bien mezclado, sin grumos  y que no queden restos en las paredes.
  8. La mezcla la vertemos con cuidado en el bol donde reservábamos las claras y envolvemos delicadamente.
  9. Ponemos la mezcla en un molde grande (22 cm aproximadamente de diámetro) y se hornea a 180º unos 40-45 minutos (depende de cada horno)
Y ya lo tenemos, exquisito.

Una vez frío se desmolda y, si se desea, se puede hacer una cobertura de chocolate. Yo la hago, tal y como podéis ver en la foto, pero también se puede adornar con nata, frutas, ... en fin, a gusto de cada uno y de su amor por el chocolate.

Bon appétit!